A río revuelto, ganancia de industrias

ugamcoag

10 Abr, 2026

La tensión internacional vuelve a ocupar titulares. Oriente Medio arde, el petróleo sube, los mercados se agitan y los discursos institucionales se llenan de palabras como “incertidumbre”, “volatilidad” y “prudencia”.

 Y mientras el mundo mira hacia Irán, aquí, en España, las industrias lácteas han encontrado el momento perfecto para mover ficha: bajar entre 5 y 8 céntimos el precio de la leche en origen. No porque haya un excedente de leche en España (y menos de ganaderos). No porque el mercado lo exija. Sino porque el ruido exterior les ofrece la coartada perfecta.

La estrategia es vieja como el comercio: cuando el río baja turbio, los pescadores sacan la red. Y en este caso, quienes pescan no son los ganaderos, sino las industrias lácteas, que aprovechan la confusión para reforzar márgenes a costa del eslabón más débil de la cadena.

Los datos oficiales muestran que el precio medio nacional hasta febrero ronda los 0,53–0,54 €/l. En Cantabria, ligeramente más alto: 0,55 €/l. Pero las industrias quieren situar los nuevos contratos en 0,47–0,48 €/l, una cifra que no cubre los costes reales de producción, que en las últimas semanas se han visto aumentados: del gasoil agrícola, los fertilizantes, los piensos,…

Y aquí está la paradoja: el consumidor sigue pagando más de 1,20 €/l en el supermercado. Si el precio final no baja y el precio en origen sí, la pregunta es obvia: ¿quién se queda la diferencia?

La respuesta no está en el conflicto internacional. Está en la estructura de poder de la cadena alimentaria. Las industrias saben que los ganaderos no pueden dejar de producir, que la leche no se puede almacenar, que la cisterna pasa cada día y que un contrato, aunque sea injusto, es mejor que quedarse sin comprador.

Saben también que el sector está atomizado, disperso y saben, por último, que en un país donde quedan 8.000 explotaciones de vacuno de leche, el coste político de ignorar al sector es prácticamente nulo.

Así se lo hicieron saber a los representantes de las Organizaciones Agrarias en las dos jornadas maratonianas con el AICA, pero sobre todo con el Ministerio de Agricultura.

Charo Arredondo, responsable del sector lácteo de COAG y ganadera de leche de Soba, hizo las siguientes declaraciones ante los medios, a las puertas del Ministerio de Agricultura. Los ganaderos salen con sensaciones muy distintas de las dos reuniones mantenidas, una con la AICA y otra con el Ministerio. La reunión con la AICA fue, bastante mejor. Los responsables de la Agencia escucharon, entendieron la situación y confirmaron que realizarán inspecciones. Además, pidieron documentación sobre contratos y ofertas de leche con bajadas de precios.

La reunión con el Ministerio, en cambio, dejó una sensación de desamparo completo. No hubo soluciones, la secretaria no estuvo presente y la postura del Ministerio no ha cambiado. Los ganaderos consideran que el Ministerio ha permitido que la industria actúe libremente, sin intervenir para revertir la situación.

Esperaban una negociación moderada sobre los precios, pero no la consiguieron. La industria justifica los precios bajos comparándolos con Europa, algo que los ganaderos consideran imposible en el contexto actual. La situación es “un auténtico sopapo al campo”.

Ante este escenario, Arredondo ha asegurado que “vamos a reunir los contratos que se han firmado y las ofertas que no, para poderlos traer a la AICA y que se estudie todo esto, a ver si se cubren los costes de producción. Nosotros, los ganaderos, lo tenemos claro, ahora la AICA tiene que verificarlo. El problema es que todo ese proceso va a ser largo, demasiado largo para nosotros; antes de tres o seis meses nada, no habrá nada”.

La sensación es de impotencia total ante esta situación:

“Es un aplastamiento. Nos han presentado el contrato en cinco días y ha sido un aplastamiento. Hay ganaderos que hoy están tirando la leche porque no firmaron el contrato y la industria no se lo quiere recoger. Había alguna quesería dispuesta a cogérselo por hacerles el favor y ha influido tanto la industria, que no se lo han permitido. Es la ruina, porque las vacas siguen comiendo lo mismo y el trabajo lo tienes que hacer igual. Ahora empezamos a cultivar los campos, a mover los tractores, y el gasto nos supone un incremento de los costes por la subida que ya se ha producido en los precios de los fertilizantes y el combustible. Que nos lo bajen de esta manera es un avasallamiento. La industria nos decía que hacía falta incorporar a tres mil ganaderos nuevos y ahora nos hacen esto; mayor contrariedad, mayor sopapo no le habrán dado nunca al sector”, ha sentenciado Rosario Arredondo.

Pero, ¿qué sucede si la AICA confirma la ilegalidad de los contratos?

Ahí está el hilo del que los representantes de los ganaderos se agarran. Si la AICA detecta que los contratos no cubren el coste efectivo de producción, obligarían a la industria a pagar el coste de producción y encima la sanción. Respecto a si tendrían que devolver la diferencia al ganadero con carácter retroactivo,… “eso realmente no lo hemos hablado; yo pienso que tendría que ser así”, ha opinado Arredondo.

“Para los ganaderos que han firmado el contrato, se puede hacer la revisión con el organismo, pero para los que no han firmado, también podemos reclamar. Ellos tienen la copia de la oferta y eso también lo podemos presentar. La disposición de la AICA ha sido muy buena y si presentamos cosas, ellos van a seguir investigando porque ese es su cometido”.

¿Hablamos de un nuevo cártel de la leche?

La CNMC ya sancionó hace años a varias empresas por intercambiar información sensible para coordinar precios y controlar el aprovisionamiento. No es un secreto que el “mercado libre” del que tanto se habla funciona con reglas. Hoy, con la excusa de la guerra, esas reglas vuelven a inclinarse hacia el lado de siempre.

Mientras tanto, en las ganaderías de leche de Cantabria, Galicia o Asturias, la realidad es ver lo que se hace en el día a día: calcular si se podrá pagar el pienso de mayo, días durmiendo mal, contratos que se firman por miedo, no por convicción… La guerra está lejos, pero sus efectos —o mejor dicho, su instrumentalización— se sienten muy cerca.

La pregunta que debería hacerse cualquier responsable político es sencilla: ¿cómo puede ser que en un contexto de precios altos en el lineal y de incremento de costes de producción se pretenda bajar el precio al productor?

 La respuesta, aunque incómoda, es evidente: porque se puede. Porque el sistema lo permite. Porque la cadena alimentaria está diseñada para que el valor se concentre arriba y el riesgo abajo.

La leche no baja por la guerra. La leche baja por la injusticia.

Y si esta bajada se consuma, no solo perderán los ganaderos. Perderá Cantabria. Perderá España. Perderá la soberanía alimentaria de nuestro país.

Hoy en Cantabria se celebra la Mesa Regional Láctea

La consejera de Desarrollo Rural, Ganadería, Pesca y Alimentación, María Jesús Susinos, será la encargada de presidir la reunión. Los ganaderos llegan con la dignidad intacta y la determinación firme: no nos rendimos, seguimos en la lucha. UGAM-COAG está en la reunión, con la palabra de los ganaderos y ganaderas de leche sobre la mesa.

Hoy, más que nunca, nos van a escuchar.

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